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Fotografías: José Luis Huelves

   

En las «Naturalezas Inertes», obras que tienen sus inicios a mediados de los años ochenta, son piezas en las que los objetos son representados con un carácter completamente contrarios A pesar de su enunciado inicial: no son precisamente inertes, sino de un dinamismo que contradice su enunciado, al igual que los que se representan los reflejos de los mismos como si fueran físicamente tan reales como aquello que se puede tocar. Las piezas aquí expuestas son un compendio de lo que fue una obra que culminó a mediados de los noventa Bajo los títulos «Máscaras, Tótems y Paisajes urbanos» se encuentran, en realidad, tres tipos de obras clasificadas por su carácter temático, pero que tienen en común un mismo concepto simbólico que las relaciona.
Pero para ello, hay que entender el mundo simbólico que impregna toda la obra expuesta, como «el reino intermedio entre el de los conceptos y el de los cuerpos físicos», tal y como ha señalado con acierto Antonio Leyva en catálogos de pasadas exposiciones.
La Máscara es, como indica, Juan Eduardo Cirlot en su libro Diccionario de Símbolos, un elemento que oculta una realidad simbólica: «…todas las transformaciones tienen algo de vergonzoso y equívoco a la vez (…). Por ello las metamorfosis tienen que ocultarse; de ahí la máscara. (…) La ocultación tiende a la transfiguración, a facilitar el traspaso de lo que se es a lo que se quiere ser. (…) La máscara equivale a la crisálida.»
El mundo interior podría representarse con un rostro, que queda oculto tras la máscara y a la vez de manifiesto en lo que dicha máscara pretende ocultar. Es una paradoja que formalmente se plasma en una representación donde el color no se supedita al espacio que lo contiene, mientras que el espacio, construido con rigor escultórico, contiene un color que no le es el inherente.
A su vez, todos los Tótem tienen también un cierto carácter de máscara y a su vez, de elemento primitivo. La presencia de evocaciones estéticas que recuerdan a las vanguardias del pasado siglo, no tienen en sí un carácter nostálgico de las mismas, sino una revisión conceptual y estética con connotaciones de ironía respecto a ese concepto de Humanidad colectiva, carente de individualismo, y por tanto utópica, pero cargada de idealismo humanista.
Las piezas presentadas como tótems: Tótem de Hombre, Tótem de mujer, Tótem del Amor, Tótem del Tiempo (La Muerte), Tótem del Sexo Virtual… son ilustrativas de lo anteriormente expuesto. Aunque se quiera ver en ellas un concepto ligado, por ejemplo, al surrealismo, ni formal ni conceptualmente lo están. La metáfora que las define como lenguaje exige de un alto grado de elaboración semántica, que contradice la espontaneidad con la que tenían generarse las imágenes en dicho movimiento.
La presencia de espacios generados por la yuxtaposición de planos, texturas y colores, que imprimen ritmos visuales, son las bases formales que están presentes en los Paisajes urbanos.
Aunque el ritmo es una constante común en toda la obra expuesta, en los paisajes urbanos tiene un carácter definitorio: la ciudad es un espacio creado por y contra el hombre. Y sigue siendo ese espacio por donde nos movemos y que construimos a la vez, siendo a su vez un espacio que nos construye y nos deconstruye, nos conforma y nos deforma. De ahí el carácter simbólico que tiene el paisaje urbano: nos sitúa en nuestros propios límites, físicos y psíquicos, ya que es en la ciudad donde siempre ha aflorado con mayor nitidez, toda la grandeza y toda la miseria de la especie humana.
Las técnicas utilizadas son diversas, aunque prevalece el óleo sobre madera sin tratar, para aprovechar lo que plásticamente pueden aportar tanto texturalmente como de color y la mayor parte de las veces, para que ésta respire e interactúe con el mismo sin perder su carácter de materia viva. Sin embargo, en otras piezas, construidas sobre armazones de madera, con pastas de cemento, llevan como piel pegado el lienzo, y tratado el color con independencia del volumen, procurando no supeditar el uno al otro.
Es pintura sobre una escultura, no una escultura policromada. Tampoco es, como creo que con poco acierto se denominó a técnicas similares a ésta en tiempos pasados como «escultopintura », término éste que considero desafortunado y en absoluto definitorio, sino más bien creo que es una expresión que intenta etiquetar algo que no se comprende.
Creo que es una técnica que puede recordar en ocasiones a la otra técnica cubista del «collage», puesto que también se realiza una construcción analítica del espacio tal y como en el cubismo, pero nada tiene que ver conceptualmente con él: el cubismo renegaba de la representación del espacio en perspectiva; ésa era su principal premisa estética. Lo que se representa en el plano debe ser plano. La geometrización del espacio resuelve así el conflicto representacional de lo que está visualmente próximo o alejado.
El espacio compositivo se resuelve, pues, de forma acorde con las dos dimensiones en las que se mueve el lienzo.
La presencia de elementos visuales de fuerte contenido orgánico o “realista” (y estos, en mayor o menor medida lo están siempre) contradice esa idea, aunque no reniegue de algunos de los logros formales que se alcanzó con la técnica de tratamiento del espacio que desarrolló el cubismo.
En la obra que sobre papel se presenta, la técnica es mixta, tinta china, témpera, acuarela, lápiz de color, etc.
 

Jenaro Argente
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